Foto: EFE – ERNESTO GUZMÁN JR
La incertidumbre de la familia Troncoso tras el terremoto
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“Parece como si fuera el primer día, mire, seguimos en la calle”, repite Álvaro Troncoso al referirse a lo que ha pasado después del terremoto del 10 de agosto, en el que no solo perdió su apartamento en Torres del Limonar, sino también casi pierde a su hija Diana Troncoso, quien logró sobrevivir por más de 30 horas bajo los escombros.
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En la mañana de la emergencia, Álvaro salió de su apartamento con su esposa y su suegro para llevarlo a una cita médica. Diana, su hija de 31 años, se quedó en casa porque estaba de vacaciones. Diez minutos después, el edificio donde habían vivido durante 30 años se vino abajo. Lo que siguió fue como de película.
Diana cuenta que: “me llegó el mensaje de que había un temblor. Me levanto de la cama y se empezó a mover muy fuerte el edificio: se empezó a caer todo. Entonces lo que hice fue hacerme en el marco de la puerta y allí ya caí”.
Había quedado bajo los escombros del edificio colapsado. Diana asegura que no tenía heridas de gravedad, ni estaba sangrando, pero el lado izquierdo de su cuerpo estaba inmóvil, mientras que una varilla aprisionaba sus piernas. Lo sabe porque en la mano tenía su celular y aunque no tenía señal, sí pudo ver con su linterna el panorama.
En el rescate estuvieron involucrados bomberos de Bogotá, quienes explicaron que Diana fue hallada sobre las 5:00 p.m. del día del terremoto por el rescatista voluntario Santiago Aguirre, de 25 años, quien se internó entre los restos de la estructura y escuchó unos ruidos. “Nos metimos ocho metros adentro, trabajamos sin parar”, añadió uno de los socorristas.
Sobre Diana habían quedado más de cuatro pisos. Su historia la conoció todo el país, porque de ella se difundió una foto impactante, en la que solo se veían sus ojos entre los escombros.
Hoy, un mes después, Diana sigue hospitalizada, pero ya camina. La alcaldía les dio un apartamento a nombre de ella en Valle del Lili, pero está en obra negra, por lo que primero deben pensar en las adecuaciones. Por eso, Álvaro continúa intentando entender cómo empezar de nuevo después de perder casi todo lo que tenían.
Es decir, lo que construyeron en 33 años de matrimonio, pero también cosas tan básicas como la ropa o a dónde ir cuando Diana salga de la clínica. “Es que quedamos en la calle”, dice Álvaro.
La lenta recuperación
Álvaro cuenta que “durante los primeros días tenían que cargarla (a Diana) para moverla, ahora ya puede caminar y está de buen ánimo”. La evolución ha sido positiva, pero la recuperación tomará más tiempo. “Hoy está muy contenta, con mucha fe, con ganas de salir adelante y recuperarse”, cuenta su papá. Para él, verla avanzar se convirtió en una de las principales razones para seguir adelante, por lo que agradece al personal de la clínica. Ella también destaca el trabajo de quienes le salvaron la vida. “Hay mucho tema de paciencia, porque la recuperación en terapia física requiere tiempo. Una vez que culmine eso, iré a Buga para agradecer al Señor de los Milagros, Luego vamos para Bogotá para agradecer a los bomberos directamente. Y de allí sigue el trabajo: volver a toda mi rutina, porque me gusta lo que hago”.
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La casa que ya no existe
Álvaro regresó al barrio Capri, donde estaba su apartamento, dos días después del sismo. “Además de los equipos de emergencia y de las personas que entraron a ayudar, también hubo quienes aprovecharon el caos para llevarse pertenencias de los apartamentos”. De todo lo que tenían, calcula que lograron recuperar el 2 %.
Cuando cuenta qué le quedó, Álvaro baja la mirada hacia su ropa y empieza a señalarla. Unas prendas, dos pares de zapatos y poco más. Habla de esas cosas con una mezcla de tristeza y agradecimiento, “para uno que se le roben una camisa, un par de zapatos, es algo muy triste, porque no nos los regalaron. Eso lo hemos trabajado de forma honrada”. No obstante, agradece la solidaridad que ha tenido la gente, porque con su ayuda han logrado resolver problemas importantes, como conseguir nueva ropa.
La pérdida material se suma al golpe de haber perdido el espacio donde la familia había construido su vida. “No éramos una familia de grandes lujos, pero teníamos lo necesario. O sea, no teníamos riquezas, ¿sabe? Siempre mucho amor, mucha comprensión y nos apoyábamos, eso siempre”.
Una vivienda para recibir a Diana
El apartamento entregado por el Gobierno Nacional y la Alcaldía de Cali es un importante avance para Álvaro, pues no van a tener que empezar desde cero, aunque aún se siente en un limbo, en la incertidumbre por lo que vendrá.
En su nueva casa hacen falta los terminados, muebles de cocina, closets y otras cosas para habitarla. “Necesitamos algo digno, no lujos, digno. O sea que podamos decir: bueno, ya aquí enfrentamos el dolor y vamos a luchar por seguir adelante”.
Mientras tanto, la familia está en un apartamento que les prestaron amigos a Diana. También han recibido un mercado de la Gobernación y acompañamiento de la Alcaldía, además del apoyo de familiares y de la empresa donde trabaja Diana.
“Esto no se sana hoy ni mañana”
El edificio donde vivían ya no está. Los escombros los han recogido en las últimas semanas, pero Álvaro sigue volviendo para resolver asuntos legales y administrativos relacionados con la propiedad. También queda por definir qué pasará con ese terreno, pues muchos perdieron a sus familiares bajo los escombros.
La pregunta que le ronda a la familia Troncoso es por qué le ocurrió eso. “A la edad que tengo, que ya estoy para pensionarme, nos toca arrancar de cero. Pero bueno, hay alegrías y motivaciones, como Diana, que nos hace querer hacerlo”, añade Álvaro, quien resalta que “si nos tocó arrancar de cero, hagámosle para adelante”.
Ella también se refiere a lo que les ha tocado vivir. “Sé que cada uno sintió miedo y seguimos con algún temor. Hay que buscar ayuda y no tener miedo a expresar lo que sentimos. Lo otro es estar muy unidos y valorar la familia; no esperar a que pasen este tipo de cosas para demostrar lo que sentimos y cómo amamos a los que están a nuestro alrededor. La sola existencia de cada uno ya tiene valor”.
Para Álvaro, “esto no se sana ni hoy ni mañana”. Perdió su cotidianidad y con ello cambiaron sus prioridades. Muy probablemente con ello perdió la noción del tiempo y por eso recalca que tiene la misma sensación del primer día del terremoto. No obstante, en los últimos días su hija Diana ha repetido una frase que seguro marcará la reconstrucción para la familia: “donde hay vida, hay esperanza”.
