Escrito por Victoria Gómez, estudiante de taller 90 Minutos – UAO
La brecha laboral para las personas con síndrome de Down continúa siendo un desafío en Colombia. Sin embargo, en Cali, distintas iniciativas y emprendimientos evidencian cómo el talento y la disciplina permiten que esta población sobresalga con proyectos propios.
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El síndrome de Down es una condición genética que ocurre cuando el cromosoma 21 tiene una copia extra, por lo que también se conoce como trisomía 21. A diferencia de algunas creencias, no es hereditario.
Según Medline Plus, “Ocurre por casualidad, como un error al dividirse las células durante el desarrollo temprano del feto”, por lo que no se ha determinado con certeza su causa.
De acuerdo con Zulma Guerrero, médica de la Universidad Cooperativa de Colombia, “este síndrome genera una discapacidad intelectual y del desarrollo”. Además, las personas pueden presentar condiciones asociadas como trastornos de conducta, dismorfia facial, bajo tono muscular y, en algunos casos, enfermedades cardíacas o del sistema digestivo.
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Desafíos en el acceso a oportunidades
Estas condiciones influyen en el acceso a derechos fundamentales como la educación y el empleo. Según cifras del DANE, “la tasa global de participación (TGP) de la población con discapacidad fue de 22,4%, en comparación con la TGP de la población sin discapacidad de 66,5%”, lo que evidencia una brecha significativa en el mercado laboral.
Panorama en Cali
En el contexto local, Cali representa un escenario clave para analizar esta realidad. Un informe de la Asociación de Padres y Amigos de Niños con Síndrome de Down indica que “en Colombia hay alrededor de 62.000 personas con esta condición y 3.000 de ellas habitan en Cali”.
Frente a este panorama, diversas organizaciones han implementado estrategias de formación para promover la inclusión y la independencia. Es el caso de la institución Tobías Emmanuel, que desarrolla programas dirigidos a personas con discapacidad cognitiva.
Su rectora, Lina Marcela Sáenz, explica que ha «desarrollado la estrategia Senda, que es un acompañamiento para la inclusión laboral y hoy 120 de nuestros egresados se encuentran trabajando”.
A nivel individual, también destacan historias de emprendimiento. Lisa Juri De Haseth, artista caleña con síndrome de Down, creó hace diez años su propio proyecto enfocado en el arte.
“Para mí es como una terapia; no lo tomo como trabajo, sino como una terapia. Obviamente, es mi emprendimiento, de eso vivo yo, pero me encanta pintar mandalas y así me inspiro a mí y a mi comunidad”.
Aunque persisten retos importantes, experiencias como estas reflejan un proceso de transformación social en la ciudad. La participación activa de personas con síndrome de Down en proyectos productivos y culturales invita a replantear la forma en que se entiende la capacidad y la inclusión en la sociedad.
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