«Al gran y orgulloso pueblo de Irán, les digo esta noche que la hora de su libertad está cerca», dijo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 28 de febrero, día en que, junto a Israel, atacó Irán.
Le pregunto sobre esa frase a Mansoureh Shojaee, activista iraní por los derechos de las mujeres e investigadora en la Universidad Vrije en Amsterdam.
«¿Cómo se puede pensar que una intervención militar, un ataque, puede traer democracia?», me dice desde los Países Bajos.
«La democracia no viene de la mano del enemigo: él y su ejército están atacando a nuestra nación».
Además, aclara que «Irán tiene una larga historia de luchar contra el totalitarismo, la dictadura, especialmente dentro del movimiento feminista».
«Nosotros como nación no necesitamos que el señor Trump nos ponga la democracia en la mano con bombas y misiles. No, no aceptamos ese regalo», sentencia.
De acuerdo con el embajador iraní en las Naciones Unidas, Amir Saeid Iravani, 1.332 civiles, entre ellos niños, han muerto por los ataques de Estados Unidos e Israel desde el 28 de febrero.
A Shojaee, como a muchos iraníes en la diáspora, se le ha dificultado comunicarse con sus familiares y amigos en su país desde que comenzó la guerra.
«No tenemos ninguna conexión directa, ni por teléfono fijo ni por celular ni por internet», cuenta.
«No tengo ni idea de lo que está pasando con mi tierra natal, mi ciudad, mis familiares, mis compañeros en el activismo y mi único hijo».
Los iraníes «al límite»
Cuando conversé con Naghmeh Sohrabi, profesora iraní estadounidense de Historia del Medio Oriente en la Universidad Brandeis, en Estados Unidos, tampoco tenía noticias sobre sus parientes.
Sohrabi, quien nació en Irán y se fue junto a sus padres a Estados Unidos cuando era una niña, es la autora de The Intimate Lives of a Revolution: Iran 1979 («Las vidas íntimas de una revolución: Irán 1979»).
También le pregunté por el mensaje sobre «la libertad» que Trump les dirigió a los iraníes.
«La verdad es que hasta que empezaron a caer las bombas había una parte importante de la población en Irán, no sé si era mayoritaria, nadie lo sabe, que sentía que nunca iba a poder deshacerse de la República Islámica», dice la experta desde Massachusetts.
Recuerda las manifestaciones que sacudieron Irán entre finales de diciembre y principios de enero, las más grandes desde la Revolución Islámica de 1979.
De acuerdo con organizaciones de derechos humanos, al menos 6.480 personas murieron por la represión gubernamental.
Las autoridades iraníes reconocieron a finales de enero que más de 3.100 personas habían muerto, pero que la mayoría era personal de seguridad o transeúntes atacados por «alborotadores».
La académica también se refiere a la fuerte crisis económica que enfrenta el país, las sanciones internacionales, «el cierre de espacios dentro de Irán para expresar disidencia».
Todo eso, dice, «estaba llevando a la población al límite» y el sentimiento de que era necesario que el régimen llegara a su fin estaba presente en grupos de la población.
«Pero creo que una guerra de esta magnitud de destrucción cambia las condiciones sobre el terreno».
«Si antes de la guerra la gente decía: ‘Queremos ser liberados (de este gobierno) para poder tener libertad’, es bastante posible que bajo este tipo de bombardeo, lógicamente, quiera otra cosa».
«No es nuestra guerra»
Ambas expertas alertan sobre el impacto devastador de la guerra en la población civil.
Sohrabi cita cifras verificadas por una organización independiente de derechos humanos que apuntaban a que, en los primeros cuatro días de los ataques, solo en Irán se habían registrado más de 1000 muertos y 5000 heridos.
«Entre los muertos, estaban niñas, estudiantes de primaria que el sábado en la mañana habían ido a sus clases y una bomba cayó sobre su escuela», señala.
La profesora se refiere a un ataque que alcanzó un plantel escolar en la mañana del 28 de febrero y que, según las autoridades iraníes, dejó al menos al menos 165 muertos y 96 heridos.
Washington niega haber atacado infraestructura civil, aunque está investigando lo ocurrido en la escuela, mientras que Israel acusa a Irán de atacar a sus civiles.
El 28 de febrero, al anunciar los ataques militares contra Irán, Trump argumentó su decisión diciendo: «Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní, un grupo despiadado de gente muy dura y terrible».
«Sus actividades amenazantes ponen en peligro directo a Estados Unidos, a nuestras tropas, a nuestras bases en el extranjero y a nuestros aliados en todo el mundo», prosiguió.
El presidente israelí, Isaac Herzog, le dijo a la BBC que los presuntos planes de Irán para «desarrollar una bomba» son, por sí solos, motivo suficiente para los ataques.
El gobierno de Irán -que ha insistido en que su programa nuclear tiene fines pacíficos- alegó la legítima defensa y respondió atacando a Israel y países del Medio Oriente que albergan bases militares estadounidenses. Un par de decenas de militares y civiles han muerto como consecuencia de ello.
Para la investigadora Shojaee esta guerra no es una guerra del pueblo iraní, «no es nuestra guerra», sino que es un conflicto que involucra a tres Estados.
«Y ninguno de ellos va a llevar derechos humanos, democracia, paz a Irán. Eso es algo que se consigue teniendo como base a la sociedad civil iraní» -dice- a través del diálogo nacional y la autodeterminación.
«Claro que necesitamos ayuda, apoyo internacional, pero no de Estados Unidos e Israel, sino de organizaciones internacionales de derechos humanos».
Fuente de la imagen, Fatemeh Bahrami/Anadolu via Getty Images
Por su trabajo como activista de los derechos de las mujeres, Shojaee estuvo en prisión en Irán varias veces.
La última vez fue entre diciembre de 2009 y enero de 2010. En agosto de ese año, se exilió.
Mantiene muchos recuerdos de su vida en Irán y en las actuales circunstancias evoca la guerra entre Irán e Irak, que se desató en 1980 y que duró ocho años.
«Construimos instituciones civiles entre el movimiento de mujeres, el movimiento estudiantil, el movimiento obrero, la mayoría de los movimientos sociales que se formaron tras la guerra de ocho años», cuenta.
Y explica: «Cuando hay guerra, la calle está vacía, la gente solo piensa en sobrevivir».
«Primero, debemos ayudarnos a parar esta guerra, el cambio de régimen es nuestro compromiso, no es tarea de EE.UU., no es tarea de Israel. Es nuestro trabajo. Debemos hacer esto por nuestra cuenta».
«Un mejor futuro»
Para Shojaee, en la actual situación no hay espacio para ambivalencias.
«Cuando estás en contra de la guerra y a favor de la paz, cuando apoyas la declaración universal de los derechos humanos, cuando respetas el derecho de una nación a la autodeterminación en lugar de una intervención militar destructiva e inhumana, puedes oponerte a la República Islámica al mismo tiempo que te opones a las acciones de Israel y Estados Unidos».
Fuente de la imagen, AFP via Getty Images
Sohrabi menciona una declaración firmada por más de 500 pensadores y académicos que plantea que «la represión del régimen» es condenable como lo es la guerra.
Y es que organizaciones de derechos humanos han acusado al gobierno iraní de cometer violaciones a los derechos humanos.
En 2023, por ejemplo, un experto de las Naciones Unidas advirtió que, desde que habían estallado las protestas de 2022, las autoridades iraníes habían cometido violaciones a los derechos humanos que podrían constituir crímenes contra la humanidad.
El gobierno iraní afirmó que las acusaciones eran inventadas.
Las manifestaciones de 2022 ocurrieron tras la muerte, bajo custodia policial, de Mahsa Amini, quien había sido detenida por supuestamente llevar el velo de manera incorrecta.
«Ahora mismo, le digo a tus lectores: estoy absolutamente en contra de la República Islámica de Irán y de lo que le ha hecho a su pueblo, y estoy en contra de esta guerra», indica la profesora.
De acuerdo con la autora, los expertos que han investigado casos similares a lo largo de la historia han concluido que en poquísimos casos la democracia surge de la destrucción que deja una guerra.
«Eso simplemente no pasa. Hasta ahora no ha ocurrido. No digo que no haya excepciones, pero como regla general, no pensamos en la guerra como la creadora de las condiciones para la democracia».
«Estoy en contra tanto de la guerra como de la represión de la República Islámica porque creo que los iraníes merecen un futuro mejor, un futuro más democrático».
«Y no va a pasar a costa de una bomba ni de un arma disparándole a manifestantes inocentes. Ninguna de esas cosas va a traer democracia a Irán».
En un mismo espacio
La profesora Sohrabi dice que es importante recordar que muchos iraníes estaban pensando en su futuro antes de que comenzarán los ataques de Estados Unidos e Israel.
«Estaban haciendo dos cosas realmente importantes: una era que estaban pensando en opciones más allá de las alternativas en las que la diáspora y los medios occidentales están atrapados, que es la restauración de la monarquía o la continuación de la República Islámica».
«Además, estaban haciendo algo que hacemos cada vez menos: que personas que no están de acuerdo estuvieran físicamente en un mismo espacio y dialogaran».
Fuente de la imagen, ATTA KENARE / AFP vía Getty Images
Me cuenta de un debate, de varias horas, que hubo dentro de Irán que se transmitió en YouTube entre una persona a favor de la monarquía, un republicano laico y alguien que cree en una reforma de la República Islámica.
Tras la muerte del ayatolá Alí Jamenei, en medio de los ataques de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero, hubo celebraciones en Irán, pero también manifestaciones de duelo en el país.
Medios estatales mostraron a multitudes de simpatizantes de la República Islámica protestando en Teherán contra los ataques.
Para Sohrabi, los iraníes no necesitan que nadie les dé escenarios sobre el futuro.
«Lo que sí necesitan es dejar de morir en manos de su gobierno o de potencias extranjeras para tener la oportunidad de ver cómo estas ideas se hacen realidad».
«Mientras sigamos matándolos con bombas, sanciones o balas, nunca tendremos la oportunidad de saber qué tipo de futuro sueñan para sí mismos».
Los iraníes, dice, no necesitan que nadie «lo sueñe por ellos».
Un 8 de marzo
Shojaee tenía 19 años cuando ocurrió la Revolución Islámica, en 1979.
Pocas semanas después, el líder supremo de Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini, decretó que las mujeres debían llevar el velo en sus lugares de trabajo y en oficinas gubernamentales.
El 8 de marzo de ese año, en el Día Internacional de la Mujer, miles de mujeres salieron a protestar contra la medida.
Shojaee, quien era una estudiante, se unió a la marcha.
«Yo no sabía nada sobre feminismo, la única gran feminista que conocía era Simone de Beauvoir. Después me enteraría de que muchas feministas occidentales apoyaron nuestra manifestación», recuerda.
«Fue una protesta muy inclusiva en la que participaron mujeres de las clases populares, de la élite, feministas», evoca.
Fuente de la imagen, Getty Images
Ya pasaron 47 años de esa marcha histórica y Shojaee nos pide recordar a las iraníes como «mujeres independientes, que buscan la autodeterminación, desde sus cuerpos hasta el futuro de su país».
«Las mujeres iraníes lo han demostrado luchando, escribiendo, manifestando».
La profesora Sohrabi destaca cómo mujeres y hombres en Irán han presionado para que la sociedad iraní tenga espacios donde haya más equidad.
«A veces lo han conseguido y a veces no», dice.
Cita como ejemplo el movimiento «Mujeres, Vida, Libertad», que surgió tras la muerte de Mahsa Amini.
«Aunque el gobierno nunca cambió las leyes, prácticamente en los espacios urbanos, las mujeres pueden ir sin velo. Si eso no es un logro, sinceramente no sé qué lo es», señala la experta.
«Pero al mismo tiempo, es muy difícil imaginar cómo puede producirse una lucha por la igualdad en las circunstancias actuales en las que hay bombardeos diarios».
«Y, luego, tras el desenlace de la guerra, quedará un país en ruinas».
La historia ha demostrado -dice la profesora- que, en momentos de crisis, los derechos de las mujeres son relegados y se vuelven mucho menos importantes.
«Pero si prestas atención a las voces de las mujeres dentro de Irán», afirma, encontrarás que «algunas de ellas, que llevan velo por motivos personales, han estado luchando para que otras tengan derecho a no llevarlo».
«A esas personas y tantas otras, que han tenido décadas de experiencia luchando por sus derechos en las situaciones más adversas, no creo que se les pueda silenciar tan fácilmente».
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