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Por Vanessa Buschschlüter, editora de América Latina de BBC News
La presidenta encaragda de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha insistido en que las decisiones que ha tomado desde que reemplazó a Maduro son suyas.
Sin embargo, muchas de ellas contrastan marcadamente con lo que el gobierno de Maduro —del cual ella formó parte— afirmó antes de su caída.
Por ejemplo, la decisión de abrir el sector gasífero y petrolero venezolano a la inversión extranjera.
Apenas un par de semanas antes de que Maduro fuera capturado por las fuerzas especiales estadounidenses, el enérgico ministro del Interior venezolano —quien aún permanece en su cargo— les aseguró a los trabajadores petroleros que Estados Unidos no se llevaría «ni una sola gota de petróleo».
En su discurso sobre el estado de la nación el mes pasado, Trump afirmó que Estados Unidos había «recibido más de 80 millones de barriles de petróleo de Venezuela».
Funcionarios estadounidenses han elogiado a Rodríguez por su cooperación con el gobierno de Trump, y la líder interina se mostró muy amable al recibir al secretario de Energía de EE.UU. y a otros funcionarios.
Miembros de la oposición venezolana, sin embargo, señalan que aún no se ha hablado de la celebración de elecciones.
También temen que el gobierno de Rodríguez se vuelva más represivo si el gobierno de Trump centra su atención en otros países, como Irán o Cuba.
La líder opositora María Corina Machado aún no ha regresado al país tras recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo, y muchas instituciones, como el consejo electoral y el poder judicial, permanecen bajo el control de los leales a Maduro.
