Harald Hauglin es un hombre de estatura imponente, una barba con canas, gafas de montura fina y una sonrisa pícara.
Cuando lo conocí en septiembre de 2024, en el bolsillo de su chaleco de alta visibilidad —de uso obligatorio— llevaba un parche en el que se veía un conejo blanco corriendo con un reloj, como el de «Alicia en el país de las maravillas».
Hauglin es el ingeniero jefe de metrología de tiempo y frecuencia en el Servicio de Metrología de Noruega, o sea, la entidad gubernamental encargada de garantizar la precisión de las mediciones en el país.
Pero Hauglin también es conocido como el «nerd de las auroras boreales», un apodo que surgió hace dos años, en el evento Jammertest.
Organizado anualmente por las autoridades noruegas, Jammertest es un festival de hacking al aire libre que se celebra en una isla remota, 300 km al norte del Círculo Polar Ártico.
Su objetivo es sencillo pero asombroso: usar señales satelitales para alterar el tiempo mismo y comprobar si los receptores de dispositivos tan diversos como relojes hasta drones pueden resistir la presión.
En el núcleo de este experimento se encuentra una tecnología que sustenta gran parte de nuestro mundo digital moderno: el sistema global de navegación por satélite (o GNSS, por sus siglas en inglés).
Marcando el tiempo
Tendemos a pensar en las redes de satélites, como el GPS, principalmente como herramientas de navegación.
Sin embargo, cumplen otra función igualmente importante: transmiten señales horarias de altísima precisión.
Las redes eléctricas, las infraestructuras de telecomunicaciones, los mercados bursátiles, los servicios de transporte y muchos otros sectores dependen de la sincronización que proporciona el GNSS.
Pero esta dependencia de las infraestructuras en el GNSS también genera un «talón de Aquiles».
Las señales de los satélites son débiles y pueden verse anuladas o secuestradas por otras señales más potentes y de naturaleza maliciosa.
Desde que Rusia lanzó su invasión a gran escala en Ucrania, este tipo de interferencias han aumentado drásticamente.
Los efectos más evidentes se han observado en el ámbito de la aviación.
En mayo de este año, un avión de la Real Fuerza Aérea de Reino Unido sufrió interferencias en la señal GPS cerca de la frontera rusa.
En septiembre de 2025, la Agencia de Transportes de Suecia aseguró que este tipo de interferencias se habían convertido en algo cotidiano.
El gobierno de Noruega es ahora uno de los muchos que se preparan para un escenario en el que el GNSS podría convertirse en una vulnerabilidad estratégica.
¿Es posible, entonces, prepararse ante un ataque dirigido contra nuestra propia percepción del tiempo y el espacio?
Cada año, decenas de ingenieros, físicos y funcionarios se desplazan al Círculo Polar Ártico para averiguarlo.
Jammertest, la prueba más grande
El escenario de Jammertest es el pueblo de Bleik, en Andøya, una isla diminuta y remota que suele utilizarse para estudiar la aurora boreal.
Durante años, el ejército de EE.UU. ha realizado pruebas en el Polígono de Misiles de White Sands (Nuevo México) para analizar cómo responden los receptores cuando se manipula el GNSS.
Pero estas pruebas están estrictamente controladas, incluso en lo que respecta a los datos que pueden divulgarse después de que suceden.
Noruega adopta un enfoque diferente: basa el evento en las competiciones de hacking ético tan populares en el sector tecnológico, en las que los expertos buscan vulnerabilidades en la seguridad informática para mejorar el sistema.
Un aspecto fundamental es que estas pruebas se llevan a cabo abiertamente, a la vista de cualquier visitante de Andøya, y los participantes comparten los resultados con otros asistentes —tanto gubernamentales como comerciales— durante la última noche del evento.
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La tarea consistía en enviar información falsa a receptores instalados en todo tipo de dispositivos, desde aviones y automóviles hasta maquinaria industrial, indicando dónde se encontraban y, a menudo, en qué momento.
Imagínalo de esta manera: si estuviera leyendo este artículo en Londres en septiembre de 2026, la manipulación del GNSS le proporcionaría información falsa indicando, por ejemplo, que te encuentras en Lima y que es septiembre de 2017.
Las principales amenazas
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Existen dos tipos principales de interferencia GNSS.
El primero es el jamming, que consiste en saturar las señales hasta dejar el servicio inoperativo.
El segundo es el spoofing, que implica el secuestro de las ondas de radio para proporcionar una ubicación y una hora falsas a un receptor GNSS.
Los ataques más peligrosos al GNSS vienen en dos circunstancias.
El primer riesgo importante es el jamming extendido, una anulación total y sostenida de la señal GNSS, lo suficientemente larga como para agotar los sistemas de respaldo del tiempo y, con eso, provocar una cascada de problemas a medida que se desmorona la sincronización digital que articula nuestro mundo moderno.
El tiempo que una red eléctrica —o cualquier sistema digital moderno— puede mantenerse sincronizada sin acceso a GNSS depende de cuánto dinero haya estado dispuesta a invertir un gobierno o empresa en instalar la infraestructura física que, de otro modo, resultaría innecesaria gracias al GNSS.
En gran medida, una infraestructura así consiste en una combinación de relojes terrestres y cables de fibra óptica para transmitir la señal horaria con precisión extrema.
El segundo escenario, aún más grave, es un ataque de spoofing sofisticado y de desarrollo lento que pasa inadvertido y no se contiene. Por consiguiente, impide que se activen los sistemas de respaldo.
Se trata, en esencia, de un ataque furtivo basado en la manipulación temporal que podría desestabilizar los sistemas digitales de un solo golpe.
Ambos tipos de ataque tienen como objetivo la señal horaria del GPS e implican niveles de manipulación o interferencia sumamente sofisticados y potentes, comparables a los ataques cibernéticos más complejos.
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El objetivo es analizar cómo podrían resistir los grandes sistemas digitales a corto plazo tras un ataque, según me comentaron varias personas.
Por ejemplo, determinando cuánto tiempo tienen las redes eléctricas y las redes móviles antes de que la situación empiece a fallar gravemente.
Engañar al tiempo y el espacio
Durante la primera tarde del Jammerfest 2024, se realizaron dos vuelos de prueba: uno con un helicóptero de rescate noruego y otro con una avioneta pilotada por un miembro de Eurocontrol, el organismo europeo de seguridad aérea.
Pude ver cómo la manipulación de las señales GNSS le suministraba información falsa a los receptores de ambas aeronaves, generando trayectorias que no correspondían a la ruta real seguida por los pilotos.
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En el sistema de seguimiento de vuelos, la posición del helicóptero parecía moverse describiendo innumerables espirales frenéticas y superpuestas, como un garabato nervioso sobre el papel: maniobras que un helicóptero no realizaría ni podría realizar en la vida real.
Más tarde, el sistema mostró cómo el avión de pruebas de Eurocontrol trazaba en el cielo extrañas figuras plagadas de giros bruscos y violentos.
Pero, en realidad, la aeronave estaba describiendo amplios y elegantes círculos sobre la localidad.
A la mañana siguiente, vi a Hauglin llevar a cabo una interferencia más sofisticada.
Durante 40 minutos, él y sus colegas fueron aumentando gradualmente la potencia del equipo de suplantación de señal, reforzando la señal señuelo: el equivalente electromagnético de saturar lentamente un sistema antes de que este detecte anomalía alguna.
Como cocinar una rana a fuego lento.
A medida que se intensificaba la transmisión de la antena furtiva, una pantalla montada en la pared sobre nosotros mostraba la zona en Google Maps.
Poco a poco, el indicador que señalaba nuestra ubicación se desplazaba de forma engañosa hacia el mar de Noruega.
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El tiempo como arma
El impacto en los relojes era difícil de percibir sin equipos complejos.
Para rastrear el «desplazamiento» causado por las interferencias (la manera en la que un reloj sincronizado por GNSS puede llegar a desviarse gradualmente de la hora real) era necesario comparar la hora del GPS con una referencia temporal ininterrumpida.
Tal referencia llegaba a través de cables de fibra óptica extendidos hasta un receptor GNSS situado al otro lado de una montaña, donde estaba a salvo de interferencias.
Vi por encima del hombro de Hauglin mientras me mostraba un gráfico que registraba la desviación del reloj manipulado respecto a la hora de referencia, todo medido en nanosegundos.
Como dijo Hauglin, el problema es que tendemos a dar el tiempo por sentado, y ciertamente no nos gusta pensar en él como un arma.
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¿Se pueden detener los hackeos?
Constantemente se proponen o desarrollan nuevas opciones para reemplazar o reforzar los sistemas GNSS.
¿Recuerdas el conejo en la camiseta de Hauglin? Además de ser una referencia al personaje de «Alicia en el país de las maravillas» de Lewis Carroll, también representa a White Rabbit (Conejo Blanco), un sistema de sincronización de precisión desarrollado en el CERN (Suiza) capaz de proporcionar una precisión temporal inferior a un nanosegundo.
Este y otros sistemas de sincronización suelen sustituir la dependencia de los satélites por cables de fibra óptica y relojes atómicos de referencia.
Además, son mucho más difíciles de hackear.
Sin embargo, casi todas las personas con las que hablé coinciden en que no existe un único sistema alternativo capaz de igualar todos los servicios que ofrecen actualmente los sistemas GNSS.
«No existe una solución mágica. Por eso se necesita una combinación de sistemas», afirma Dana Goward, quien, como cofundador de la Resilient Timing and Navigation Foundation, lleva desde 2013 abogando por políticas de protección del GPS.
En 2024, Goward me comentó que, en su opinión, el spoofing solo va a empeorar («es barato y fácil», dijo) y que uno de los mayores riesgos podría provenir de los propios sistemas GNSS.
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En junio de 2026, esos temores se materializaron cuando un grupo de expertos advirtió que satélites rusos habían emitido interferencias desde el espacio, perturbando las señales de GPS en toda Europa durante breves periodos.
En el pasado, las interferencias en los sistemas GNSS se limitaban a una región o a una zona fronteriza, ya que las señales de radio procedentes de la Tierra tienen un alcance limitado.
Ahora, al provenir las interferencias también desde arriba, ningún lugar ni nada quedará fuera de su alcance.
Dado que gran parte del evento Jammertest para los escandinavos consistía, implícitamente, en prepararse ante el riesgo de algún tipo de ataque por parte de Rusia, me resultó algo curioso que la edición de 2024 se celebrara de forma tan abierta.
El nivel de seguridad y la presencia de los servicios de inteligencia noruegos fueron discretos.
Sin embargo, esa apertura también forma parte de su propósito.
«¿Se trata también de demostrar que se están volviendo más resilientes y que están afrontando la situación?», le pregunté a Tomas Levin, ingeniero superior de la administración de carreteras y uno de los organizadores de Jammertest.
«Por supuesto», respondió. «Así que venga, Rusia, adelante».
Esta es una adaptación al español de un artículo de BBC Future. Para leer la versión original, en inglés, haz clic aquí.
