La zona del derrumbe fue clausurada, habría víctimas mortales en la zona.
Foto: EFE – ERNESTO GUZMÁN JR
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Pese a que el Hospital Universitario del Valle (HUV) en Cali tuvo graves afectaciones por el terremoto del pasado lunes, ha tenido que seguir en funcionamiento. Siguen atendiendo pacientes, mientras que en el limbo se mantiene la recuperación y evaluación de los daños. El Espectador accedió al centro asistencial que hoy está volcado a atender “emergencias vitales”.
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En la parte de atrás del hospital público más importante del suroccidente de Colombia, una de las cuatro torres se cayó tras el sismo de 7,4 de magnitud que se registró en la mañana del pasado lunes. Ahí estaban salas de pediatría, ginecología y cirugía hombre, según la jefa de comunicaciones, Lorena León Melo. El primer día del terremoto, tres personas fueron rescatadas con vida, entre ellas una estudiante de auxiliar de enfermería y un bebé de dos meses con su madre. La búsqueda terminó el miércoles y se presume que hay cinco muertos, entre ellos niños, debajo de los escombros.
Cuando uno ve la torre colapsada por fuera, se ve una colchoneta de una cama que sobresale de entre los escombros; los tubos verdes de los aparatos de respiración están tirados en todas direcciones, mientras que la zona está acordonada. En la entrada del hospital no se ve nada, por lo que no es demasiado extraño observar a la gente entrando al hospital, como si no hubiera pasado nada.
Los trabajadores y trabajadoras de la salud pasan frente a buses de donación de sangre donde ya no dan abasto, debido a la cantidad de personas que se han ofrecido a ayudar. Tras la puerta de seguridad, también se ha montado un “espacio de escucha” con atención psicológica para quienes lo requieran tras la tragedia.
Juan Pablo Restrepo acaba de dar la noticia de la suspensión de la búsqueda por sobrevivientes a una familia. Respira profundamente. Habla con calma y en voz baja, casi susurra, algo inusual para un hombre en un puesto directivo. “Por ahora tengo la adrenalina a mil”, dice Restrepo, quien añade: “pero por otro lado, también estoy muy triste en este momento porque acabo de ver directamente la estructura colapsada y a sentir el dolor de esa familia que acaba de perder a su niño y a su mamá”.
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Restrepo cuenta que estaban en el cambio de turno cuando empezó a temblar en el Hospital Universitario del Valle. “Cada empleado bajó las escaleras con un paciente en la mano”, cuenta. “La única manera era coger los bebés y bajar con ellos en los brazos”, añade. De esa manera, se crearon las imágenes que luego se difundieron en las redes sociales de auxiliares cuidando a los bebés recién nacidos en el polvoriento patio del hospital.
“El amor es la mejor medicina”, dice la parte de atrás de la chaqueta de Restrepo. Para él, el amor se traduce en cuidar y, por eso, resultó casi obsoleta la pregunta de si, a pesar del terremoto, hay que seguir atendiendo a los pacientes que estaban en el hospital. Por razones de seguridad, se ha reducido la cantidad de camas, de aproximadamente 500 a 250, cuenta la jefa de comunicaciones del hospital, por lo que varios pacientes fueron trasladados a otros hospitales.
El hospital solo opera en el primer piso, no hay atención en pisos más altos por razones de seguridad. Karen Escobar, auxiliar en la pediatría general, de 24 años, sale de la puerta de la sala de urgencia. “Tengo miedo de que en cualquier momento vuelva a temblar”, dice, mientras que a su lado hay una grieta en la pared. Se encuentra en un dilema porque al mismo tiempo le da miedo que los niños en la sala queden desatendidos. Afirma que duerme fatal y asustada.
Ella estaba con un niño de siete años cuando empezó a temblar. “Pensé que me iba a morir”, cuenta, aun temblando y llorando. En el patio, intentaron limpiar las heridas de los niños, pese a la cantidad de polvo y a que no tenían sus herramientas usuales para hacerlo. A la vez señala que “es frustrante no poder salvar las suficientes vidas”.
El hospital que se trasladó a la calle para atender la emergencia
En otro lado de la ciudad, en Capri, Laureano Quintero, director médico global de la Fundación Salamandra y cirujano de trauma y emergencias, habla de los campamentos donde médicos, rescatistas, estudiantes y voluntarios apoyan las labores de rescate. “Este es el centro de medicina operacional nuestro, donde se enlaza la labor de rescate prehospitalaria, médica y enlace con voluntariado y con clínicas y hospitales”.
La operación ya ha tenido presencia en cuatro puntos críticos de la ciudad. Uno de los principales fue el sector de la calle Quinta con 44, donde el trabajo articulado entre bomberos, equipos de emergencia y personal médico permitió atender a 11 sobrevivientes que salvaron entre los escombros.
Quintero explica que este centro trabaja las 24 horas y que su función también es ir adaptándose a las diferentes etapas de la emergencia. En los primeros días, el foco estuvo puesto en acompañar los rescates y atender a las personas que lograban ser extraídas con vida. Ahora viene el momento de hacer contención.
Para Quintero, lo ocurrido tiene una particularidad que hace todavía más compleja la respuesta. A diferencia de otras emergencias en las que han participado, como Haití, Ecuador, México o Indonesia, esta vez la afectación grave se extiende simultáneamente por varios departamentos, por lo que se preparan para acompañar otras zonas en los próximos días, pero también los toca de cerca, porque hay familiares y allegados afectados, por lo que también ha sido importante el apoyo psicológico.
“Alguien tuvo alguna situación dura, alguien tuvo algo que lo esté afectando y la gente llora, se refugia y empezamos a dar soporte de acuerdo con lo que cada uno necesita. El apoyo al apoyo es fundamental”, concluye Quintero.
