El máximo goleador de la historia del fútbol nacional nunca jugó un Mundial. Mientras la Selección Colombia disputa la Copa de 2026 en Estados Unidos, México y Canadá, Dayro Moreno almuerza pasta con pollo en un salón privado del centro comercial Mallplaza, de Cali, donde fue invitado a una firma de autógrafos.
Lleva gorra negra, lentes oscuros y habla de fútbol entre sonrisas. Hace unas semanas estuvo entre los 55 preseleccionados de Néstor Lorenzo, pero su nombre no apareció en la lista definitiva de 26.
– Da tristeza, pero fuerza Colombia – dice.
Afuera lo espera una fila de aficionados, guardas de seguridad y empleados que quieren una foto con el hombre que más goles ha celebrado en el fútbol profesional colombiano.
– La humildad es lo más importante – comenta.
Es una frase que repetirá varias veces. Cuando sale al encuentro con la gente, alguien lo advierte:
– Es que el goleador es de lavar y planchar.
¿Cómo vio a Colombia en el debut?
El debut fue muy hermoso, como lo esperábamos todos los colombianos: con una victoria contundente. Todos tenemos la ilusión de que nuestra Selección, los 26 guerreros que nos están representando a todo un país, llegue lejos. Salieron contra Uzbekistán con mucha ilusión y, gracias a Dios, conseguimos un triunfo muy importante y lo mismo ocurrió contra Congo.
Ahora viene lo más difícil, pero esta Selección nos está representando muy bien. Sabemos de la calidad que tiene cada uno de nuestros jugadores, tanto talento y, obviamente, no va a ser fácil, pero tenemos la fe intacta en el equipo. La tarea de nosotros, los colombianos, es hacerles mucha fuerza a los 26 guerreros que nos representan.
¿Cómo se ve el Mundial desde afuera?
Como todo jugador, tenía la ilusión de estar allá. ¿Quién no quisiera representar a su país? Tuve la oportunidad de estar en la lista de 55 jugadores. Finalmente, no fui convocado y lo asumí con profesionalismo. Ahora estoy haciéndole fuerza a los que representan a Colombia. El Mundial lo veo apoyando a los muchachos para que nos traigan esa Copa.
¿Pudo hablar con Lorenzo sobre por qué no lo llevó a la Selección?
No, no tuve la oportunidad de hablar con él. Y esa ilusión de estar ahí ya se fue. Ahora la ilusión es que nuestros muchachos den todo por nuestro país.
Pero es paradójico que el máximo goleador del fútbol colombiano no haya jugado un Mundial. ¿Queda esa espinita?
Obvio. ¿Quién no quiere estar en un Mundial? Gracias a Dios tengo todos los récords en Colombia. Claro, respetando a nuestros delanteros, porque tenemos muchos y muy buenos, yo hubiera querido estar allá, pero no se dio la oportunidad.
No tengo una espina, pero sí estoy un poco triste por no haber recibido la convocatoria. He trabajado durante 22 años de carrera futbolística para hacer cosas grandes, muchas de las cuales he logrado, y sentía que podía estar en el Mundial. No se dio, así que lo que queda es hacerle mucha fuerza a la Selección. Estoy tranquilo.
¿Cuando arrancó en el deporte, imaginó terminar siendo el máximo goleador del fútbol colombiano?
Yo salí de mi pueblo, Chicoral, Tolima, a los 13 años. Salí con una ilusión: primero ser jugador profesional y, segundo, vestir la camiseta de mi país. Gracias a Dios lo conseguí.
Lo del récord siempre me lo propuse, porque en el pueblo siempre fui goleador, en todos los torneos donde jugué. Cuando llegué a Manizales, al Once Caldas, en la reserva, también fui goleador del torneo nacional, que en ese tiempo era la Primera C.
Cuando me llamaron al equipo profesional, también me propuse ser goleador y hacer historia con una camiseta que quiero mucho. Gracias a Dios lo estoy consiguiendo. Todo fue producto del trabajo, la disciplina, el compromiso y, sobre todo, de la humildad.
¿Cuál era tu referente al empezar en el fútbol?
Ronaldo, ‘el Fenómeno’. Siempre veía sus partidos y le aprendí sus movimientos, las diagonales. Siempre ha sido mi ídolo.
¿Qué gol representa mejor a Dayro Moreno?
Son muchos, pero el que más me representa fue el que hice en 2010 contra São Paulo, por Copa Libertadores, en Manizales. Volvía de Europa a mi equipo amado. Arranqué desde mitad de cancha encarando rivales y definí cruzado ante un arquero internacional con mucha historia, como Rogério Ceni. Es el gol que más me representa como jugador.
Ya rompió todos los récords en Colombia. ¿Qué sigue ahora?
La meta, Dios quiera, es salir campeón con mi equipo en diciembre, con Once Caldas, y llegar a los 400 goles. Estoy a 14. Me estoy preparando para alcanzar esos dos nuevos logros.
¿Qué piensa hacer después del fútbol?
Todavía no estoy pensando en retirarme. Quiero jugar mucho tiempo más. El retiro aún lo veo lejos. A largo plazo tengo varios proyectos. Uno de ellos es ser empresario de jugadores.
Como empresario, ¿cómo guiaría a un futbolista joven, tras la experiencia acumulada?
Primero: humildad y sacrificio. Eso es lo más importante. Después uno lo va moldeando, amansando, guiando. Pero ante todo, la humildad.
Está también la fama de que a Dayro le gusta el trago, pero lo paradójico es que la hinchada lo acepta así, lo toma como parte de su esencia. A otros jugadores se les juzga distinto…
Tal vez se deba a que soy muy auténtico. Y para nadie es un secreto que me gustan mis traguitos y la fiesta. Obviamente, cuando estaba más joven, me gustaban mucho más. Pero pasa el tiempo, uno adquiere más responsabilidades, va cambiando. Ahora tengo a mis hijas, que son el alma de mi vida, y uno sabe que tiene que dar ejemplo. Pero sí, me gustan los tragos, como a cualquier ser humano.
¿Y por qué entonces no se lesiona? La teoría dice que el futbolista debe cuidarse, y eso incluye el trago y el trasnocho, para no sufrir lesiones y jugar hasta los 40. ¿Dayro es la excepción a la regla?
Eso viene desde la infancia. Desde que llegué a Manizales, a los 14 años, me preparé muy bien. Eso me dio la gasolina que hoy tengo. Además, están los cuidados: la alimentación, el trabajo diario, la disciplina.
Come poquito…
Como poquito porque esta vez me sirvieron poquito (risas). Pero me cuido mucho, sobre todo en la alimentación. Y si me tomo unos tragos, procuro hacerlo cuando los partidos están lejos.
¿Le importa más que lo recuerden por el récord de goles o por la manera de jugar?
Por las dos cosas. Si no fuera por mi manera de jugar, no habría llegado al récord.
En el plano local sonó para América en algún momento. ¿Qué pasó con el profesor Juan Carlos Osorio, que no permitió su llegada?
(Risas). Es una historia muy bonita porque con el profesor Juan Carlos Osorio tengo una amistad muy grande. En 2010 salimos campeones en Once Caldas. Es un técnico al que le aprendí muchísimo.
Pero, pese a eso, cuando tuve la oportunidad de venir al América, él dijo que no. Pensó que por la ciudad y la fiesta podía tener dificultades. Por eso no llegué al América.
Y si Tulio Gómez, el dueño de América, llama de nuevo, ¿lo escucha?
Uh, claro que lo escucho.
Hablando de técnicos que lo han marcado, está Osorio y el arriero Herrera, al que usted considera un padre, ¿pero qué pasó con Santiago ‘Sachi’ Escobar cuando dirigía al Once Caldas?
Son cosas que pasan en el fútbol. Lo que ocurrió fue que llegué de marcarle gol a Argentina en Bogotá y el presidente de Once Caldas me quería muchísimo. Me dio un día de permiso y la verdad fue que me extendí a dos.
Cuando llegué a la concentración, el profe ‘Sachi’ estaba bravísimo y dijo que me quería sacar del equipo. Yo estaba prácticamente vendido al fútbol del exterior, primero Brasil y después Rumania, al Steaua de Bucarest. Fue cuando me fui para Europa.
Entonces el profe tuvo una discusión con el presidente. Le dijo: “o es él o soy yo”. Y el presidente respondió: “es él, porque es el patrimonio del club”. Después mi relación con Sachi se arregló. Fue una cuestión de calentura, nada más. Situaciones muy comunes en el fútbol.
¿De qué se arrepiente en el fútbol?
La verdad, de no haber ganado la Copa Intercontinental con Once Caldas en Japón, ante el Porto. Fue en 2004, la última edición del torneo, que después fue reemplazado por el Mundial de Clubes. Esa derrota me marcó mucho como jugador. Lo del penal que acabo de errar contra Junior de los octogonales ya lo superé. Son cosas del fútbol, eso pasa.
Si pudiera cambiar una decisión de su carrera, ¿cuál sería?
La verdad, haber ido a Bolivia. Con todo respeto por el país y por la liga, sufrí mucho allá. Por todo. Estuve diez meses. Casi no jugaba porque ni siquiera había muchos partidos. El torneo, como tal, es de un nivel muy bajo.
¿Qué le debe el fútbol colombiano a Dayro Moreno, el Mundial de mayores?
Estoy agradecido con el fútbol colombiano. ¿Qué me debe? Nada. Que me sigan apoyando. Que sigan cantando: “Dayro Moreno, Dayro Moreno…”.
Minutos después, cuando termina la conversación y sale al encuentro de los caleños que llenaron la terraza del centro comercial Mallplaza en busca de su autógrafo, el coro vuelve a escucharse.
—¡Dayro Moreno, Dayro Moreno…!
