Aunque la capital vallecaucana tiene 165 kilómetros de ciclorrutas, hay varios retos de ciudad en cuanto a reglamentación y espacios exclusivos para las bicicletas.
Cali cuenta con una red de 165 kilómetros de ciclorrutas, pero se mueve entre caminos desconectados, invadidos por motos o donde la inseguridad manda la parada. Hoy en el Concejo se debate un proyecto, “Cali en Bici” para darle un orden a la movilidad sostenible, por lo que colectivos, urbanistas y ciclistas piden que se garantice un tránsito seguro.
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Actualmente, 5,4 % de los viajes que se realizan en la ciudad son en bicicleta, según la Secretaría de Movilidad de Cali, pese a la cultura ciclística y a la cantidad de kilómetros de ciclorruta.
“Moverse en bicicleta en Cali puede ser muy retador, especialmente por culpa de conductores de carros y motos que no respetan las normas de tránsito”, cuenta Esteban Herrera, ciclista frecuente en la ciudad.
Herrera asegura que, aunque la bicicleta le permite moverse con rapidez y facilidad, no deja de sentirse expuesto. “Lo mejor de montar bicicleta es la libertad y que uno llega rápido a cualquier lugar. Lo peor es sentir que tu vida corre peligro”.
Algo similar señala Samuel Chocontá, estudiante universitario que usa la bicicleta para desplazarse del sur al norte de Cali, reconoce que la experiencia puede ser positiva, pero depende de otros actores viales. “La verdad, la ciclorruta por la Quinta funciona bien y uno se ahorra muchísimo tiempo frente al trancón, pero sí hay momentos en los que los carros y motos invaden los espacios o simplemente no respetan al ciclista”.
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Sobre esta situación, el concejal Rodrigo Salazar (Alianza Verde), quien está promoviendo el proyecto en el cabildo, señala que “Cali registra entre 120.000 y 150.000 viajes diarios en bicicleta, pero la participación modal ha venido cayendo. Hoy estamos apenas alrededor del 2% y eso es preocupante para una ciudad que tiene potencial para liderar la movilidad sostenible”.
El político resalta que dentro de los principales problemas está la falta de infraestructura que sea segura. “Más del 60% de las ciclorrutas no están segregadas técnicamente, eso hace que motocicletas y carros invadan constantemente esos espacios y que los ciclistas terminen expuestos”.
Adicionalmente, datos de la Secretaría de Movilidad indican que el 80 % de los comparendos por invasión de carriles exclusivos corresponde a motos. Zonas como la Avenida Ciudad de Cali, la Calle 70, Guaduales y algunos corredores comerciales de la carrera 15 están entre los puntos de mayor conflictividad.
El debate por las motos eléctricas y las scooters
La llegada masiva de scooters y motos eléctricas abrió una nueva discusión sobre el uso de las ciclorrutas y los vacíos regulatorios. Fredy Bustos, politólogo, urbanista y asesor en movilidad activa, advierte que Cali enfrenta hoy un problema de adaptación ante estas formas de movilidad. “Los vehículos eléctricos llegaron con muy poca regulación y eso está generando conflictos. Muchas veces se venden como juguetes, pero terminan alcanzando velocidades que no son compatibles con las ciclorrutas”.
Según Bustos, en las ciclorrutas caleñas se puede llegar hasta los 25 kilómetros por hora, pero algunos vehículos eléctricos superan fácilmente los 50 kilómetros, pero frente a esto no hay ningún control.
Catalina Arboleda, quien usa una scooter eléctrica entre el sur y el centro de Cali, explica que comenzó a usarla por practicidad y facilidad para movilizarse. “Al principio me daba susto porque uno siente que las vías no están pensadas para estos vehículos y muchas veces los carros no respetan. Pero también es demasiado cómodo. Me ahorro muchísimo tiempo y siento que la ciudad debería adaptarse más a estas nuevas formas de movilidad”.
Catalina usa las ciclorrutas porque no existe claridad suficiente sobre dónde deberían circular. “Uno siente que estorba en la calle y también en la ciclorruta. Falta mucha regulación y señalización”.
El proyecto “Cali en Bici” y las deudas pendientes
El proyecto impulsado por el Concejo busca convertir la bicicleta en un eje estructural de la movilidad caleña y no solo verla como una alternativa recreativa o deportiva. Entre las medidas propuestas están la construcción de nueva infraestructura exclusiva para bicicletas, la ampliación de cicloparqueaderos, la integración con el sistema MIO y la creación de un Consejo Distrital de la Bicicleta.
También busca fortalecer procesos pedagógicos sobre movilidad sostenible en colegios, pero el debate más fuerte se ha dado alrededor del presupuesto necesario para ejecutar esas transformaciones. “El problema es que podemos educar y promover el uso de la bicicleta, pero si no existe infraestructura segura, la gente no se va a sentir tranquila usando este medio de transporte”, señaló Salazar.
Para Bustos, el problema de fondo va más allá de las ciclorrutas. Según explica, Cali todavía diseña sus vías bajo una lógica centrada exclusivamente en los carros. “Nuestras vías siguen respondiendo a criterios de hace décadas. La movilidad sostenible no es solamente hacer ciclorrutas, es entender la movilidad como espacio público y diseñar la ciudad para todas las personas que la usan”.
El urbanista también recordó que Cali fue pionera en infraestructura en Colombia y llegó a ser referente nacional en movilidad activa, “Cali tuvo una cultura de la bicicleta muy fuerte y la perdió. La infraestructura es el esqueleto que sostiene esa cultura. Sin espacios seguros, muy pocas personas se atreven a usar la bicicleta”, concluye.
Mientras el proyecto “Cali en Bici” avanza hacia segundo debate en el Concejo, el reto para la ciudad sigue siendo el mismo, lograr que movilizarse en bicicleta deje de sentirse como una apuesta personal contra el tráfico y se convierta en una opción realmente segura, conectada con la ciudad y sostenible con la demanda futura.

