Colombia no ha tenido buena suerte con la figura de la Vicepresidencia. Son varios los episodios históricos en los cuales ha sido motivo de graves perturbaciones en la memoria histórica del país. Creada en 1819, aparece y desaparece entre 1886 y 1991, y ahora estamos en un periodo de vigencia sin que haya demostrado sus beneficios. Por el contrario, solo dos vicepresidentes (Germán Vargas Lleras y el general Óscar Naranjo) han aprobado su paso por la figura inconstante de la persona que, por la Carta Magna, se creó para sustituir al presidente en casos de ausencia definitiva o enfermedad grave de su titular.
Pasamos 84 años sin vicepresidente formal, entre 1905 y 1994. Durante la ausencia de la Vicepresidencia, funcionó con éxito la figura del designado elegido por el Congreso, que solo tenía las funciones de reemplazar al presidente, evitando de esa manera la incomodidad de tener que ponerle funciones al vicepresidente y tolerarlo en las reuniones de Gobierno en las que solo estorba el protocolo presidencial. En caso de ausencia del designado, la sucesión se aplicaba en los ministros del despacho en el orden establecido por la ley. Volver a esa institución del designado mejoraría la molestia que permanentemente causa el o la vicepresidenta. Designados que ejercieron la jefatura del Estado: Alberto Lleras en la segunda administración del presidente Alfonso López Pumarejo y Roberto Urdaneta Arbeláez en la administración de Laureano Gómez.
Ahora estamos en el proceso de escoger los candidatos a la Vicepresidencia de los aspirantes a la Presidencia de 2026 y todos los escogidos tienen un perfil muy atractivo para ocupar el cargo. El problema no son los candidatos, sino la figura institucional de la Vicepresidencia, que determina su elección por votación popular el mismo día y en la misma fórmula con el presidente de la República. La única limitación que tiene es la de cumplir las funciones de ministro delegatario. Los desgastes de relación entre presidente y vicepresidente se dan en varias naciones y no solo en Colombia. Argentina y Ecuador, los más recientes.
Lo que se busca al escoger fórmula vicepresidencial no es la coincidencia programática, sino el beneficio electoral y, ya elegido, surgen las contradicciones. La más reciente, la que se produjo entre el presidente Petro y su vicepresidenta Francia Márquez por el Ministerio de la Igualdad. Antes hizo mucho ruido la renuncia de Humberto de la Calle, fórmula presidencial de Ernesto Samper en 1994. Marta Lucía Ramírez, vicepresidenta de Iván Duque, al finalizar su mandato dijo que nunca estuvo en el grupo de amigos del presidente.
En cambio, los designados a la Presidencia son escogidos libremente por el presidente si obtiene el respaldo de las mayorías en el Congreso. Se acaban los celos porque el designado siempre le era fiel a su mandatario y no tenía que ponerle oficio para no verlo sino cuando quisiera su superior. Lo grave es que nadie con aspiraciones políticas se atreve a proponerlo.
