Y nos jugamos el primero de tres tiempos decisivos del calendario democrático. Con responsabilidad los colombianos ejercieron su deber y derecho democrático a elegir a quienes nos habrán de representar en el congreso de la república, así como aquellos que dan el primer paso en consultas interpartidistas camino a la primera vuelta. Un congreso que tomará decisiones claves en materia fiscal y tendrá que enfrentar desafíos no menores en asuntos energéticos, de seguridad, en salud y, en especial, defendiendo la Constitución de 1991.
No sobra decir que los dos candidatos presidenciales que pican en punta hicieron el llamado a la no participación en las consultas de este domingo y se medían indirectamente más en función de algunas de las listas que directamente los apoyan, sin caer en el simplismo de que esos votos son los únicos con que ellos cuentan.
A manera de una inicial conclusión, si bien tenemos datos claves de la composición del congreso, nada está definido en función de las presidenciales y ahora arranca de nuevo una carrera donde será fundamental conocer las ideas, los equipos de trabajo, las fórmulas vicepresidenciales y, en general, el temple y carácter de quienes aspiren a la primera posición del país. Viene el momento de la verdad, donde los ciudadanos esperan debates, ideas y propuestas y menos shows o actos tradicionales.
Aunque se tuvo una participación aceptable, el interés de la consulta no supera el 40% de la votación y el 60% se vuelve definitivo en la primera vuelta. No obstante lo anterior, esta elección sigue demostrando las razones por las cuales esta ha sido reconocida como la democracia más antigua y sólida de América Latina, aunque eso sí con una muy buena dosis del desagradable resultado de la estrategia clientelar que suele acompañar las decisiones de elecciones del congreso. Los que tradicionalmente representan curules de micro o macroempresas electorales, mayoritariamente mantuvieron su participación y siguen demostrando la urgencia de una reforma política que ordene este modelo de una política basada más en el favor, que en las ideas y propuestas. Por eso, al final, sea quien sea que gane la presidencia de Colombia, seguramente será capaz de lograr las mayorías de este congreso.
Diciendo lo anterior, bien vale la pena una aproximación sobre los ganadores, perdedores y quemados de esta elección, así como el camino que sigue a continuación y lo que se podría anticipar.
Los ganadores
Sin duda gana Juan Daniel Oviedo, que con su sorprendente resultado queda de primero en la fila para la Alcaldía de Bogotá, a menos que se le atraviese algo más en el camino. Hoy podría ser la nueva fuerza que representa el centro en el país.
Ganan parcialmente los dos candidatos a la cabeza de las encuestas, Cepeda ante las nuevas curules del Pacto y De la Espriella por la entrada de Salvación Nacional. Pero gana también Paloma Valencia por su victoria contundente en la gran consulta y con ello hoy puede representar una de las tres primeras posiciones de cara a la primera vuelta, consolidando además con los otros candidatos de la consulta una fuerza política y experimentada relevante para el país.
Ganan parcialmente los partidos tradicionales que, aunque no aparecían muy bien en las encuestas, saben que al final se trata de conseguir los votos al detal y en su lógica lo lograron. Diciendo esto, es evidente el cansancio con esas maquinarias y se nota una caída en los partidos Liberal, Verdes, U y Conservador. Un peor resultado se da en Cambio Radical, que necesitará de nuevos liderazgos para recuperar su fortaleza.
Gana la registraduría que de manera impecable entregó los resultados y demostró que todas las preocupaciones del jefe de estado, además de inoportunas e indignas, no son ciertas. Sobresale en esta dirección, por ejemplo, la presencia activa de más de 400 observadores internacionales en una demostración de transparencia internacional.
Gana la tranquilidad de Colombia en donde, a pesar de que se esperaban riesgos de violencia y fraude en varios municipios, ello no se haya presentado. No obstante lo cual, no podemos cantar victoria para lo que sigue y mucho más al ser las presidenciales. El país sigue con casi 200 municipios en riesgo y la mitad en riesgo extremo, y es poco lo que hemos visto en acción de gobierno para enfrentarlo.
Los perdedores
Pierde Fajardo, ya que al no dejarse contar, perdió el tercer lugar de la contienda y prácticamente entrega las banderas a Claudia López, que igualmente sale derrotada. Veremos si esto motiva otra movida suya en una alianza con ella o si Oviedo termina reemplazándolos.
Pierden Roy y Quintero, que con sus resultados en consulta y en las listas no serán atractivos para Cepeda. Tampoco sale bien el partido de izquierda de Fuerza Ciudadana. Queda finalmente demostrado el poder de las alianzas para fortalecer listas, como lo entendieron los partidos cristianos, el nuevo liberalismo o dignidad y compromiso.
Los quemados
Salen quemadas las encuestadoras que en general poco anticiparon de esta elección. Algo tendrá que hacer el país para que esto no siga sucediendo, porque flaco favor le hacen a la democracia.
Salen quemados algunos youtubers e influencers que creían que a punta de comentarios insulsos en redes, iban a llegar, y no fue así. Queda claro que la visibilidad ayuda, pero no basta.
Y lo que sigue
Lo que sigue debe concentrarse en la primera vuelta presidencial. Para ser absolutamente franco, esta elección poco o nada define ese escenario. Está demostrado que muchas personas votan por una orilla al congreso y tranquilamente por la contraria a presidencia, y el poder de la maquinaria es infinitamente más débil en las presidenciales. En este caso priman mucho más las emociones y la opinión, y los candidatos deberán generarlas. Viene entonces la prueba ácida de las propuestas y de la empatía con el electorado y con las regiones.
Vienen también las decisiones de los partidos políticos tradicionales sobre hacia dónde inclinan su apoyo. Es sorprendente que en este caso ellos a la fecha no han dicho absolutamente nada, y su decisión será muy importante y en este caso será mucho más tardía porque no ven claro aún el panorama y ellos gustan del “caballo ganador”. Allí serán clave los guiños y mensajes que reciban de los candidatos presidenciales.
La conclusión provisional es que 8-M no cambió de raíz el sistema político, sino que lo retrató con honestidad. Mostró una democracia viva atravesada por las viejas mañas de la política. Confirmó que las maquinarias siguen contando, que el poder territorial será clave y que nada está definido para la Presidencia ¡Vamos para el segundo tiempo!
