La campaña para las tres consultas presidenciales, con las que fuerzas de izquierda, centro y derecha elegirán a sus candidatos para las elecciones de mayo, llega a su recta final sin haber logrado capturar la atención del país. A pocos días de las votaciones de este domingo, el ambiente político está más marcado por la dispersión y las polémicas fugaces o externas que por la intensidad que caracterizó las consultas de hace cuatro o hace ocho años. La diferencia entre unas y otras no es menor y es que, en esta ocasión, están ausentes los candidatos que lideran las encuestas, mientras figuras de primer nivel, como el presidente Gustavo Petro, llevan días haciendo campaña para no votar esas consultas. El interés solo ha despuntado con polémicas puntuales, flor de un solo día. Los estrategas de los aspirantes reconocen la dificultad de mantener a sus clientes bajo el foco, aun siendo por los motivos equivocados.
La inesperada letargia de estos días pasa por un hecho central e innegable: en las consultas no participan los candidatos punteros. El senador oficialista Iván Cepeda busca participar en la de la izquierda, pero una decisión del Consejo Nacional Electoral lo sacó del pleito. El abogado y candidato ultra Abelardo de la Espriella, sorpresa en los sondeos hace pocos meses, no quiso ni fue recibido en la de la derecha. Y el exalcalde de Medellín Sergio Fajardo, viejo conocido de los votantes colombianos, se negó a participar de la del centro. Las ausencias han marcado la sensación de que el juego presidencial empieza solo el lunes.
La emoción es la gran ausente de esta campaña en la que la mayoría de los candidatos apuestan poco y debaten aún menos. Solo los nueve aspirantes de la derecha han desfilado por los medios de comunicación para presentar sus propuestas para el país, pero apenas han llenado titulares cuando se han visto salpicados por la polémica, como la reciente burla homofóbica de De la Espriella contra Juan Daniel Oviedo.
La sensación generalizada hasta las encuestas del fin de semana pasado es que los ganadores estaban definidos. En el centro, el panorama ha estado marcado por el amplio favoritismo de Claudia López, pero hasta eso genera poca emoción. La exalcaldesa de Bogotá aparece con una ventaja tan amplia frente al poco conocido Leonardo Huerta que la competencia ha perdido dramatismo antes de empezar. La consulta, en la práctica, se ha percibido como un trámite más que como una verdadera disputa política, aunque esté en juego la fuerza con la que lleguen López y el centro político al partido definitivo en el que se van a disputar con Sergio Fajardo, en pleno desinfle tras posicionarse como tercero favorito.
En la izquierda compiten cinco aspirantes en la consulta del progresismo bajo la sombra de Cepeda, pero solo dos se disputan el liderazgo. Las mismas encuestas que coronaron a López señalaron que Barreras, que por un momento acaparó la atención del país al presentarse como el candidato de Petro, podría perder frente al exalcalde de Medellín Daniel Quintero.
La tensión entre ambos ―al menos de cara a la galería― se ha hecho evidente este jueves. El antioqueño sacó la artillería contra el exembajador en una entrevista a la que casi nadie había prestado atención y acusó a Roy de estar dispuesto a “ensuciarse las manos” con tal de llegar al poder. El aludido guardó silencio hasta este jueves, cuando sorpresivamente le dedicó a Quintero un duro tuit recordándole las investigaciones que enfrenta por hechos ocurridos durante su mandato en la segunda ciudad de Colombia. El cruce de señalamientos e insultos, uno de los pocos momentos de tensión de la carrera, recuerda que esa consulta tiene más de competencia que de alianza. Hasta el próximo lunes.
En la derecha ocurrió otro hecho, uno esta misma semana, la última, el único hecho similar, aunque trascendió el simple ataque. Los comentarios ridiculizantes del ultra Abelardo de la Espreilla contra Oviedo suscitaron una respuesta en bloque de casi todos los competidores de la llamada Gran Consulta. Sin embargo, la tensión duró tan solo un día y, aunque se trató de marcar una línea roja, la del respeto más básico, no hubo intención de adentrarse en grandes debates ideológicos.
Esos dos momentos han roto de forma puntual la monotonía, y han sido interpretados por los propios equipos de campaña como parte de la lógica de la recta final. “Los candidatos saben que esta discusión hace parte de estos últimos días”, explica un directivo de una de las campañas consultado por EL PAÍS. “El lunes todos estarán sentados otra vez mirando qué viene de aquí en adelante”.
Las encuestas también reflejan un bajo nivel de interés o una gran incertidumbre sobre las consultas. En los sondeos del fin de semana, un porcentaje mayoritario decía o no tener interés en votar en ellas o no saber por quién hacerlo. Guarumo cifraba en 58% los que decían que no participarían. Para Invamer, aunque el 62,6% pensaba pedir el tarjetón de esa votación, un 43,4% de ellos aún no sabía en cuál de las tres participaría. A pocos días de la votación, las preocupaciones de los colombianos parecen estar en otros asuntos.

Y es que mientras esas cifras y esa falta de debate o tensión mostraban la tibieza que han producido las consultas, el presidente continuaba ocupando buena parte del espacio político y mediático. Frente a las votaciones, con sus llamados a no votar y sus llamados a evitar un supuesto fraude; en otros asuntos, con decisiones como su debatido aumento al salario mínimo, suspendido por la Justicia y de repetido por el Ejecutivo. El sistema de salud, la guerra comercial con Ecuador o el anuncio de una reunión bilateral con Delcy Rodríguez lo mantienen allí.
Incluso debates aparentemente secundarios terminan girando alrededor de su figura. Un ejemplo reciente fue la polémica suscitada este jueves por la aparición de una fotografía suya actuando como extra en una película que recibió financiación parcial del Gobierno colombiano. La discusión sobre esa imagen volvió a mostrar hasta qué punto un presidente al que le quedan cinco meses en el cargo sigue ocupando la mayor parte del debate público, incluso en medio de una campaña electoral.
En ese contexto, los candidatos a las consultas han tenido dificultades para posicionarse como protagonistas del momento político. La gran cantidad de aspirantes ajenos a las consultas ―además de los tres punteros, otra decena sigue en carrera― y la falta de confrontaciones claras entre proyectos han contribuido a dispersar la atención. Así, a pocos días de las votaciones, la sensación dominante es la de una campaña que llega a su desenlace sin haber terminado de arrancar.
Las consultas del domingo definirán a varios de los aspirantes que competirán por la presidencia en los próximos meses. Pero, al menos hasta ahora, lo harán después de una campaña que ha pasado más bien en segundo plano dentro del clima político del país.
